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CORONAVIRUS/ Nos hará mejores y viviremos en el Reino Mesiánico Terrenal si aprendemos de esta lección

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Por momentos es difícil creer lo que vivimos hoy. El Corona-virus afecta a casi todos los países del mundo.

Nuestra generación nunca había experimentado una pandemia a este nivel, los creyentes en todo el mundo buscamos qué podemos aprender y cómo debemos actuar en medio de esta situación. La segunda venida del Mesías no es como no las imaginamos, la verdadera es la crecerá dentro de nosotros en nuestros corazones después que aprendamos nuestra lección en la vida.

La Biblia profetizó enfermedades y plagas

Por un lado, recordemos que la Biblia habla de plagas significativas antes de la segunda venida de Cristo. En Lucas 21:11, nuestro Señor Jesús advierte a sus discípulos: “Habrá grandes terremotos, y plagas y hambres en diversos lugares; y habrá terrores y grandes señales del cielo”. Este pasaje muestra una tierra inquieta y en tribulación, mencionando específicamente la existencia de plagas y hambruna como antesala del fin (Lc. 21:9). Estas profecías han guardado a la Iglesia por 2.000 años de aquellos que pretenden ser el Mesías (Lc. 21:8).

En Apocalipsis 6:8 encontramos otro pasaje también importante en este momento: “Y miré, y había un caballo amarillento. El que estaba montado en él se llamaba Muerte, y el Hades lo seguía. Y se les dio autoridad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con pestilencia y con las fieras de la tierra”. Aquí, el desatar el cuarto sello abre el espacio para que un caballo “amarillento” (o “muy pálido”, es decir, enfermo) traiga dolor y muerte a través de guerras, enfermedades, y desastres naturales. Estos sellos son desatados como juicio de Dios a una tierra sorda frente al llamado del evangelio.

Una última verdad a considerar es la que nos enseña Romanos 8:22: “Pues sabemos que la creación entera gime y sufre hasta ahora dolores de parto”. El gemido de la creación es evidente al ver los árboles caer y los animales sufrir, pero es particularmente evidente cuando un virus microscópico es capaz de causar miles de muertes y paralizar todos los sistemas humanos. Como Dios declaró, vivimos en una tierra disfuncional. 

La Biblia no parece profetizar esta enfermedad y plaga

Si bien es cierto que la Biblia nos advierte y nos presenta la realidad de plagas y enfermedades y una tierra que gime, ¿podemos decir con limpia conciencia que estas profecías son específicas al coronavirus? ¿No es posible, o probable, que estas profecías hayan sido apropiadas a otras enfermedades y plagas anteriores, como la gripe española (que mató a más de 20 millones de personas)?

Debemos admitir que muchas de las profecías bíblicas relacionadas a tiempos apocalípticos tienen un sentir más general que específico.

En ese mismo tenor, debemos ser muy cuidadosos de no forzar un texto bíblico a que diga algo específicamente para nuestra situación actual, pues estaríamos atribuyéndonos el lugar de profetas de Dios. ¿Qué si no se cumple? Si Dios decide mostrar gracia y esta pandemia cae bajo control, y no muere una cuarta parte de la tierra (como profetizó Ap. 6), ni ocurre la segunda venida de Cristo en nuestra generación (como aparenta enseñar Lc. 21), ¿quién queda como mentiroso?

De ninguna manera miente nuestro Señor, pero nosotros podemos terminar como mentirosos o, inclusive, siendo falsos profetas (Dt. 18:21-22).

Además, no ignoremos la advertencia de Jesús: “Pero de aquel día y hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre” (Mt. 24:36). Cristo deja en claro que nadie conoce el momento de su segunda venida. Si pensamos que las profecías sobre plagas y enfermedades se refieren al coronavirus de manera específica, estamos en territorio peligroso de afirmar que conocemos más que lo que el Padre quería que supiéramos sobre el regreso de Jesús.

Certeza bíblica en tiempos de coronavirus

No cabe duda de que vivimos tiempos calamitosos, sin precedente para mi generación. Los expertos en el tema hablan de posibles cientos de miles más infectados, lo que implicará muchas muertes más. Y con toda probabilidad falta mucho tiempo para que los mercados económicos se recuperen.

Estos no son tiempos para la ansiedad, sino para la oración y de realizar buenas obras lo cual la mejor manera de ser mejores creyentes de Dios es por la forma que nos comportemos en esta crisis y despues de ella.

Cuando hablamos de un Reino Mesiánico Terrenal hablamos de un largo período en el Tiempo en el que el hombre vivirá en la Tierra de acuerdo a la Ley de Dios tal como fue dada, explicada y ejemplificada por Jesucristo.

La intención de Dios era que este Reino Mesiánico Terrenal fuera establecido a través de la propagación, mediante el amor y las obras consecuentes, de la Buena Nueva. Obviamente esto no se ha hecho. Siendo este el caso, ahora Dios intervendrá directamente y, a través del dolor (, conducirá a la Humanidad, para su propio bien, a vivir de acuerdo a Sus Leyes en paz y armonía. Este fenómeno de «intervención directa de Dios» es lo que llamamos la Segunda Venida de Cristo, que no debería confundirse con el Juicio Final del que también se habla en las Sagradas Escrituras.

Yo quiero creer que estas son señales antes de la venida otra vez del mesías . Y creo firmemente que estos no son tiempos para la ansiedad, sino para la oración (Flp. 4:6-7). Es también una época especial para hacer la voluntad de Dios al amar a los necesitados, particularmente a las viudas y huérfanos alrededor (Stg. 1:27), y a los ancianos que son particularmente susceptible a esta enfermedad.

No podemos decir con certeza que el coronavirus es el cumplimiento de una profecía bíblica específica, pero podemos tener absoluta confianza en que Dios no se ha movido ni una pulgada de Su trono. Él sigue en los cielos, haciendo lo que le place (Sal. 115:3), para su gloria, y nuestro bien.

“Cuando estas cosas empiecen a suceder, levántense y alcen la cabeza, porque se acerca su redención”, Lucas 21:28.

Por eso amigos lectores no olvidemos que Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo.» La actitud del ser humano hacia Dios y todas las criaturas ha de ser el amor.

Esperando que construyamos nuestra morada en Cielo aquella hechas no con nuestras manos sino con nuestras buenas obras.

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