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¿Por qué los heterosexuales no necesitan una bandera ni un desfile de orgullo?

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En el mes del orgullo LGBT+, un grupo de heterosexuales se ha dado a la empresa de «reclamar su espacio».

En mayo se conoció que tres hombres de Boston planeaban para agosto un desfile del «Orgullo Hetero» bajo el lema «It’s great to be straight». Se ha anunciado otro intento en Brooklyn, NY. Los preparativos tendrían lugar en junio, el mes que muchos países acogen manifestaciones de afirmación de la comunidad LGBT+.

Las demostraciones públicas de la comunidad sexodiversa buscan reclamar la igualdad de derechos y el respeto para su colectivo. Los desfiles y otros eventos envían un mensaje de afirmación frente a la discriminación y el acoso por orientación sexual o género.

Los recientes intentos de crear una contrapartida heteronormativa ha sido controvertidos, y aparentemente lo seguirán siendo ahora que este «movimiento» ha presentado su bandera. Esta no podría ser más opuesta a la del arcoíris: es una bandera de patrones binarios, en blanco y negro.

¿Por qué no existe el «orgullo hetero»?

Porque no existe la heterofobia. Los heterosexuales no tienen derechos civiles que reclamar en lo que respecta a su orientación. Ni su desarrollo personal ha sido limitado por familia, Estado o Iglesia alguna.

Las redes sociales han ardido al fuego de estas noticias, lo mismo con humor que con otro tipo de reflexiones. Muchas personas apuntan al sinsentido del «orgullo hetero», partiendo de que la orientación heterosexual es la norma y no lo que se toma como su desviación. Ninguna persona padece sanción social o religiosa alguna por su condición de heterosexual. No está penado por la ley en ningún país del mundo ni es castigado por ninguna familia o colectivo humano.

Sin embargo, a día de hoy, quienes no sean heterosexuales pueden padecer exclusión y violencia simbólica y física a muy distintas escalas en todos los países del mundo. La semana pasada trascendió el caso de una pareja de mujeres que fue brutalmente agredida en un ómnibus de Londres.

Al menos 71 países en el planeta continúan criminalizando las relaciones entre personas del mismo sexo. En al menos 5 se castigan con pena de muerte.

La esencia del orgullo LGBT+ es que ninguna persona debe avergonzarse de su orientación sexual, ni sentirse disminuida o limitada por esta razón. A la vez que se ha establecido como una respuesta política que exige el respeto y la igualdad de derechos.

«¿Acaso un desfile heterosexual no es el tráfico normal?» «¿Para qué un día de orgullo heterosexual cuando tienen todos los días del año?» son algunas de las preguntas retóricas que se mueven en las redes.

No es la primera vez que se reacciona de esta manera a los reclamos de colectivos o minorías. Ha pasado antes, por ejemplo, con el movimiento #BlackLivesMatter, en defensa de los negros y mestizos y por el respeto a sus vidas, que tuvo la contrapartida de #AllLivesMatter, desconociendo de plano la especificidad de esta violencia judicial y policiaca. También ocurre con muchos reclamos de igualdad entre mujeres y hombres.

Ni heterosexuales, ni población blanca ni hombres cisgénero sufren por esas condiciones; gozan del privilegio de la norma, nada les cobra el precio de la «desviación». El orgullo es patrimonio suyo por defecto y herencia de desigualdades.

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